¡SANA A TU NIÑO INTERIOR!

Nuestro Niño Interior simboliza lo más sublime de nuestro Ser, es lo que nos impulsa y entusiasma; lo que nos lleva a ser emprendedores, curiosos y creativos. Nuestro Niño Interior es persistente y dinámico; es quien nos lleva a celebrar con gran alegría las cosas que logramos en la vida ¡Sin duda alguna, es la Chispa de la Vida! Él nos motiva siempre a emprender una nueva aventura.                                

En los primeros años de vida, el niño por naturaleza tiene la alegría de Ser él mismo, pero muchas veces llega a conocer el dolor de perder ese derecho. La Represión, Descalificación y Desconfirmación son algunos de los factores que le resquebrajan el Alma.

Las experiencias en esta frágil etapa de la vida, son fundamentales porque determinan nuestro Ser. Pueden hacer que germine el Amor a la Vida, a Sí Mismo y a los Demás, o puede que no sea así.

Algunas experiencias difíciles, dejan heridas en lo más profundo de la Mente:  en el Inconsciente. Ellas pueden ser el Abandono, el Rechazo, la Humillación, la Traición y/o la Injusticia.

Ante estas circunstancias, se puede decir que el destino Psicológico del Niño, queda marcado, pero también hay que mencionar, que ese destino depende de la Salud Emocional de los Padres. Así es que éstos tienen sus propias heridas que los hacen actuar como lo han hecho ¡Algo que quede bien claro! esto no los hace malos, son sus esquemas los que los superan.

Ahora bien, tal parece que el destino de todos queda determinado, pero ¡No es así! Todos tenemos la capacidad de Sanar cualquier Herida, no importando la profundidad que tenga o el tiempo que haya pasado.

Estamos dotados de un Poder ilimitado, somos capaces de Transformar cualquier Creencia y Emoción Limitante, de borrar cualquier difícil recuerdo, es más, con el poder de nuestros pensamientos, podemos lograr cambios estructurales en nuestro ADN, esto lo han comprobado muchos científicos, entre ellos el Dr. Bruce Lipton quien menciona las evidencias en su libro “La Biología de la Creencia”.

Con el ánimo de que todo se puede superar, te invito a que en un Estado Meditativo te busques en la Casa de la Infancia y al verte siendo Niño, te acerques a él, abrázalo con ternura, bésalo y dile cuanto lo amas y lo necesitas ¡Vive este maravilloso encuentro unos instantes! En seguida visualiza dentro de él y dentro de ti, una Presencia Divina o a Dios, como tú prefieras verle, y pedirle que tome en sus manos las Heridas y las Sane, tal vez lo puedas imaginar o tal vez lo puedas ver con los ojos de tu mente, quédate un instante percibiendo lo que ocurre y después, pídele a ese Poder Supremo que tome la Energía que dejaste en cada Experiencia de Vida y la regrese a tu Ser, al origen. Ahora, disponte a integrar en ti, Sano y Salvo a tu Niño, dale la bienvenida y prométele que sabrás escucharlo y cuidarlo. Cuando surja en ti el deseo de jugar, cantar, divertirte, o cuando se te antoje un helado ¡Él te lo estará pidiendo!

Cierra este proceso de Sanación agradeciendo a Dios, al Universo por esta Maravillosa Experiencia y disponte a tener una Nueva Forma de Vivir con Paz y Armonía.  

Psicoterapeuta
Severo Martínez Aroche    

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